Un día, un pez se dice a sí mismo que está cansado de estar en el agua, que la vida en el océano le parece aburrida y monótona. Así que decide salir del agua y se lanza sobre la tibia arena de la playa. ¿Qué le pasaría al pez? ¿Crees que el pobrecito estaría feliz viviendo fuera del agua? La respuesta es obvia: un pez fuera del agua se muere en poco tiempo, porque no ha sido creado para vivir en la arena. Y aunque él crea que su felicidad se encuentra fuera del agua, si sale de allí lo único que hallará será una inevitable muerte.
Hay jóvenes que suponen que su felicidad radica en hallar un mejor trabajo, ganar más dinero, conseguir un mejor carro... Es decir, han creído que su felicidad consiste en «tener más». Curiosamente, las naciones más ricas del mundo son las que registran el mayor número de suicidios y las tasas más elevadas de depresión. Tiene razón el psicólogo israelí, Daniel Kahneman, que sin ser economista ganó en 2002 el Premio Nobel de Economía, cuando declaró: «El dinero no compra la experiencia de la felicidad».